Primer capítulo

-I-  

INICIANDO UN LARGO CAMINO

Cuando empecé a pensar en cómo redactar este relato no sabia muy bien qué era lo que iba a resultar de mi trabajo. Por un lado, me hubiese gustado que al final saliese una novela. Una de esas enormes novelas de pasiones e intrigas, en la que los miembros de esta gran familia -que son los verdaderos protagonistas- se enredasen en intríngulis históricos, políticos o financieros de los que se derivasen todos los avatares que se van entrelazando en sus capítulos y páginas. Pero, ni había materia para ello ni creo que interesara a nadie leer un interminable relato de argumentos casi inventados, en el que se habría disfrazado la realidad con personajes teatrales y situaciones irreales que no nos decían nada.

A veces, también lo pensaba como una serie de pequeñas narraciones hilvanadas por el solo vinculo del apellido familiar, en las que quedasen reflejadas distintas épocas históricas, distintas situaciones más o menos dramáticas del pasado de nuestras gentes; cuando, de alguna manera, hubieran sido protagonistas principales los miembros de mi familia a lo largo del siglo XX, que es cuando se desarrolla todo el argumento.

Pero, al final, solamente he decidido reflejar en estas páginas los ecos de mis recuerdos, de mis propias evocaciones personales o de los retazos y relaciones que me diera mi abuela Marcelina, con la que tantas tardes pasé en su casa de la Tahona; de mi madre Asunción, a la que quise casi con pasión de enamorado; a mis tías Isabel y Manola, con las que tuve entrañable amistad y confianza y con otros personajes de mi pasado; cuando, llevado por mi natural curiosidad de niño preguntón, me fueron aclarando y contando lo que habían sido las tribulaciones y alegrías de mis deudos y antecesores, desde que mi abuelo Jean Baptiste Cardalliaguet llegase a Ávila a comienzos del siglo con el propósito definido de establecerse en la pequeña ciudad castellana y crear en ella una industria y una familia.

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